¡Proletarios de todos los países, uníos!

AVANCE DE LA REVISTA SOL ROJO N° 53:

EL SIONISMO, EL IMPERIALISMO Y LA INVENCIBLE
LUCHA DE LIBERACIÓN NACIONAL DE PALESTINA

La cuestión de Palestina, el Estado de Israel y el sionismo no puede entenderse fuera del contexto del imperialismo. Tanto el nacionalismo "judío" en forma de sionismo, como el nacionalismo palestino, se definen por su relación respectiva con el imperialismo. Mientras que el sionismo desde su creación es el proyecto de la burguesía judía europea para servir al imperialismo y combatir a los pueblos oprimidos, el nacionalismo palestino desde sus inicios representa la lucha del pueblo palestino por la liberación nacional contra el imperialismo y el sionismo. Así, el sionismo en todas sus variantes y el engendro imperialista el Estado de Israel forman parte de las fuerzas reaccionarias y contrarrevolucionarias, y el pueblo palestino forma parte de las fuerzas progresistas y revolucionarias del mundo.

Hoy, la lucha palestina, el genocidio sionista en curso y el contundente movimiento global de apoyo a Palestina enfatizan y agudizan aún más la contradicción principal en el mundo actual, entre el imperialismo y las naciones oprimidas del tercer mundo. Esto es lo principal, pero como marxistas-leninistas-maoístas sabemos que la lucha contra el imperialismo no puede separarse de la lucha de clases; sabemos que para analizar los problemas de la lucha palestina (el papel de la Autoridad Palestina, los “acuerdos de paz”, la posición de los demás países árabes etc.) tenemos que ver el carácter de clase de las organizaciones y gobiernos y sus dirigentes. Así, la lucha palestina también enfatiza el problema urgente de que clase debe dirigir la lucha de liberación nacional: la burguesía o el proletariado.

Por consiguiente, para analizar correctamente el papel del sionismo y de la lucha palestina, tenemos que ver el problema en su contexto histórico y como parte de la lucha de clases, barriendo todas las oscuridades y distorsiones difundidas por el imperialismo, la reacción y el revisionismo sobre el tema. Este es el motivo del presente artículo.

 

El antisemitismo

El antisemitismo, en el sentido de odio hacia los judíos, ha sido parte de la ideología de las clases explotadoras y reaccionarias en Europa desde la edad media, difundido particularmente por la iglesia, especialmente la luterana. Martín Lutero decía que “Ellos [los judíos] son una pesada carga como una plaga, peste o desgracia en nuestro país”.  En el periodo de la revolución burguesa, las fuerzas contrarrevolucionarias señalaron los judíos como promotores de la rebelión y el desorden. El histórico alemán Heinrich Leo (1799-1878) planteó: “La nación judía se distingue evidentemente de todas las demás naciones de este mundo por el hecho de que posee un espíritu particularmente apto para la corrosión y la descomposición.” Después, la burguesía como clase dominante, especialmente con el desarrollo del imperialismo como la etapa superior y última del capitalismo, heredó esta idea: “Los judíos han incitado en todas partes a los plebeyos contra la clase dominante. En todas partes han incitado al descontento con el poder establecido... En todas partes han estimulado sentimientos de odio entre personas de la misma sangre. Son ellos quienes han inventado la teoría de la lucha de clases.” (Martin Bormann 1944).

En la época del imperialismo (principalmente en el periodo hasta la Segunda Guerra Mundial) el antisemitismo forma parte de la ideología y política de las burguesías imperialistas en Europa y Estados Unidos, principalmente como una fachada ideológica para el anticomunismo; y en la lucha contra el movimiento comunista internacional y la URSS todas las potencias imperialistas estaban coludidas. Siendo que los judíos no formaban un grupo homogéneo, sino que ellos también tenían sus reaccionarios, sus progresistas y sus revolucionarios, el antisemitismo de este periodo siempre mantenía la idea de “judíos buenos y malos”. Esta idea se planteó en forma clara en un artículo de Winston Churchill en 1920, donde este genocida imperialista expresa su pleno acuerdo con la teoría de la judía “conspiración mundial para el derrocamiento de la civilización”, pero también su elogio a los “judíos nacionales” – los sionistas. El artículo, titulado “Sionismo Contra Bolchevismo – la Lucha por el Alma del Pueblo Judío”, nos da una imagen clara de la esencia del antisemitismo de la burguesía imperialista, y también del sionismo como una parte de la misma ideología imperialista y antisemita:

"El conflicto entre el bien y el mal que se agita incesantemente en el pecho de los hombres, en ninguna parte alcanza tanta intensidad como en la raza judía.
[...]
Y bien puede ser que esta misma asombrosa raza pueda estar en este momento en proceso de producir otro sistema de moral y de filosofía, tan malévolo como el cristianismo fue benévolo, que, si no es detenido, destruiría irremediablemente todo lo que el cristianismo ha hecho posible. Casi parecería como si el evangelio de Cristo y el evangelio del Anticristo estuvieran destinados a originarse entre el mismo pueblo, y que esta raza mística y misteriosa hubiera sido elegida para las manifestaciones supremas, tanto las divinas como las diabólicas.
[...]
En Gran Bretaña bien sabemos que durante la gran lucha [la Primera Guerra Mundial] la influencia de los que pueden ser llamados los "judíos nacionales” en muchas tierras fue ejercida preponderantemente en favor de los Aliados; y en nuestro propio Ejército los soldados judíos han tenido la más destacada participación, algunos ascendiendo al comando de los ejércitos, y otros ganando la Cruz de la Victoria por su valor.
Los judíos nacionales rusos, a pesar de las desventajas bajo las cuales ellos han sufrido, han logrado jugar un papel honorable y útil en la vida nacional de Rusia. Como banqueros e industriales ellos han promovido enérgicamente el desarrollo de los recursos económicos de Rusia...
[…]
En violenta oposición con toda esta esfera del esfuerzo judío se alzan los proyectos de los Judíos Internacionales. Los adherentes de esta confederación siniestra son sobre todo hombres criados entre las infelices poblaciones de los países donde los judíos son perseguidos debido a su raza. La mayoría de ellos, si no todos, ha abandonado la fe de sus antepasados, y en sus mentes se han divorciado de todas las esperanzas espirituales de una vida ultraterrena.
Este movimiento entre los judíos no es nuevo. Desde los días de Spartacus-Weishaupt y los de Karl Marx, hasta los de Trotsky (Rusia), Bela Kun (Hungría), Rosa Luxemburgo (Alemania) y Emma Goldman (Estados Unidos), esta conspiración mundial para el derrocamiento de la civilización y para la reconstitución de la sociedad sobre la base del desarrollo atrofiado, de la envidiosa malevolencia y de una igualdad imposible, ha estado creciendo constantemente.

Ella jugó, como una escritora moderna, la señora Webster, lo ha mostrado tan hábilmente, una parte definitivamente reconocible en la tragedia de la Revolución francesa. Ha sido la fuente principal de cada movimiento subversivo durante el siglo diecinueve; y ahora finalmente esta pandilla de personalidades extraordinarias del submundo de las grandes ciudades de Europa y Estados Unidos ha agarrado al pueblo ruso por sus cabellos y se han convertido así prácticamente en los amos indiscutibles de aquel enorme Imperio.

No hay ninguna necesidad de exagerar el papel jugado en la creación del bolchevismo y en el surgimiento actual de la Revolución rusa por estos judíos internacionales y en su mayor parte ateos, porque ciertamente es uno muy grande y probablemente supera a todos los otros.
[…]
El sionismo muestra la tercera esfera de las concepciones políticas de la raza judía. En violento contraste con el comunismo internacional, el sionismo presenta al judío una idea nacional de carácter imperioso. Ha tocado al gobierno británico, como resultado de la conquista de Palestina, tener la oportunidad y la responsabilidad de asegurar para la raza judía de todo el mundo un hogar y centro de su vida nacional.” [El subrayo es nuestro –SR]

El fascismo “nacionalsocialista” alemán mantenía la misma idea:

"Debemos separar a los judíos en dos categorías... los sionistas y los que están a favor de ser asimilados. Los sionistas se adhieren a una estricta posición racial y al emigrar a Palestina están ayudando a construir su propio estado judío... No puede estar lejos el momento en que Palestina pueda aceptar de nuevo a sus hijos que han estado perdidos para ella durante más de mil años. Nuestros buenos deseos junto con nuestra oficial buena voluntad los acompañan". (Reinhardt Heydrich, jefe del servicio de inteligencia de las SS, 1935)

La justa y correcta posición proletaria sobre estos judíos “nacionales” e “internacionales” se planteó por el gran Lenin, y sigue siendo válida hoy:

“La cultura nacional hebrea es una consigna de los rabinos y de los burgueses, una consigna de nuestros enemigos. Pero en la cultura hebrea y en toda la historia del pueblo hebreo hay también otros elementos. De los diez millones y medio de hebreos que existen en el mundo, poco más de la mitad viven en Galitzia y en Rusia, países atrasados y semisalvajes, donde los hebreos están colocados a la fuerza en la situación de ralea. La otra mitad vive en el mundo civilizado, donde los hebreos no están aislados como casta ruin. Allí se han manifestado con toda evidencia los grandes rasgos progresistas, de alcance universal, de la cultura hebrea: su internacionalismo y su aptitud para adherirse a los movimientos avanzados de la época (el porcentaje de hebreos que participan en los movimientos democráticos y proletarios es, en todas partes, mayor del que, en general, representan en la población).

Quien lanza directa o indirectamente la consigna de “cultura nacional” hebrea (no importa que lo haga con buenas intenciones) es un enemigo del proletariado, un partidario de cuánto hay de viejo y de espíritu de casta en el pueblo hebreo, es un cómplice de los rabinos y de los burgueses. Por el contrario, los hebreos marxistas que se funden en las organizaciones marxistas internacionales con los obreros rusos, lituanos, ucranianos, etc., aportando su óbolo (en ruso y en hebreo) a la creación de la cultura internacional del movimiento obrero, continúan -a despecho del separatismo del Bund- las mejores tradiciones del pueblo hebreo, impugnando la consigna de “’cultura nacional’.” (V.I. Lenin – Notas Críticas Sobre el Problema Nacional, 1913)

En conclusión podemos determinar que el antisemitismo, así como todo el concepto de las “razas”, fue elaborado y difundido por las explotadoras y reaccionarias clases dominantes de las potencias coloniales e imperialistas, y opuesto y combatido principalmente por el movimiento obrero marxista, el movimiento comunista internacional. Este racismo sirvió y sigue sirviendo como instrumento ideológico y político 1) como parte del nacionalismo burgués para crear comunidades no clasistas, reemplazando la lucha de clases por una lucha entre “razas” o “culturas” y 2) para justificar el genocidio, la explotación y la opresión de los pueblos de las colonias/los países oprimidos. Para el fascismo alemán, el antisemitismo también sirvió como instrumento para su patraña de “combatir el capitalismo y el comunismo” y para justificar su guerra de rapiña en la Europa oriental. Y, como vamos a ver, el sionismo pertenece a esta misma tradición de nacionalismo burgués chovinista e ideología imperialista y colonial racista y antisemita.

 

El sionismo – ideología colonialista, imperialista y racista

El sionismo surgió a fines del siglo XIX como una pequeña secta entre los intelectuales burgueses judíos en Europa. Inspirados por el nacionalismo chovinista, colonial y racista de la burguesía de la época, los fundadores del sionismo querían crear un movimiento nacional del mismo espíritu para los judíos, apuntando a crear un Estado nacional judío y establecerse como clase dominante del mismo. Para poder alcanzar este objetivo, tenían que establecer dos conceptos ideológicos:

1) Que lo que los judíos del mundo tenían en común no era sólo su religión (y ciertos elementos culturales derivados de esa comunidad religiosa), sino que eran un pueblo, una nación y una “raza”.

2) Que esta “raza” era descendiente de los hebreos antiguos, y que por eso tenía el derecho de “volver” al territorio mítico de “Israel”. 

Así como el mito de la “raza aria” y los demás mitos nacionalistas de la época, estos dos conceptos sionistas son invenciones ideológicas sin ningún fundamento histórico. Una serie de historiadores e investigadores científicos (judíos y otros) ya han mostrado hace tiempo que los judíos del mundo no tienen un origen común, sino que pertenecen a varios distintos grupos; algunos en parte descendientes del Medio Oriente, pero la mayoría descendientes de pueblos de otras partes del mundo que se convirtieron al judaísmo en diferentes momentos de la historia. Schlomo Sand, historiador de la Universidad de Tel Aviv, ha demostrado que los judíos europeos (los Asquenazi), y entre ellos los fundadores del sionismo, son principalmente descendientes de los jázaros, que se convirtieron al judaísmo en el siglo VIII, y no tienen nada que ver con el territorio de Palestina.

Los sionistas sabían que para crear su movimiento nacionalista “moderno”, tenía que ser un movimiento secular basado en la “raza” y la “nación” y no en la religión. Pero, siendo que sus mitos nacionalistas no tenían ninguna base fáctica, tenían que basarse en los cuentos del antiguo testamento de la Biblia y en la mitología cristiana. De hecho, el sionismo es más un producto del cristianismo y de la ideología del imperialismo occidental que del judaísmo.

En Europa desde finales de 1800 hasta las primeras décadas de 1900, la opresión racista contra los judíos motivó a una gran parte de ellos a unirse a las luchas progresistas y revolucionarias: “Al encontrar bloqueados sus caminos a los centros de la alta cultura –carreras universitarias, profesiones liberales, administración pública–, muchos se convirtieron en revolucionarios socialistas e innovadores democráticos, y unos pocos en sionistas” (Sand, Shlomo. La invención del pueblo judío).

Es decir que un puñado de los más reaccionarios y oportunistas de la burguesía judía, los sionistas, decidieron no combatir a la reacción antisemita, sino unirse con ella y aprovecharse del antisemitismo como medio para alcanzar sus propios objetivos. Los sionistas atendieron la llamada de Churchill y los demás reaccionarios de rechazar y combatir la revolución proletaria y servir al imperialismo. Adoptaron toda la ideología seudocientífica de las “razas”, incluso el antisemitismo:

“En otras palabras, de la misma forma que para definirse a sí misma la germanidad necesitó en alguna etapa de una abundante dosis de arianismo, los polacos necesitaron el catolicismo y los rusos el paneslavismo ortodoxo para arropar sus identidades e imaginerías nacionales.
A diferencia del movimiento judío de reforma religiosa, o de los grupos de intelectuales liberales y socialistas que buscaron participar en las emergentes culturas nacionales, el sionismo se apropió de las ideologías nacionalistas dominantes que florecieron en las tierras de su nacimiento e infancia y las integró en su nuevo programa. Incluía rastros del völkisch alemán, aunque los rasgos románticos polacos caracterizaron gran parte de su retórica.” (Ibid.)

“La pseudociencia racista que prosperó en todos los laboratorios de aprendizaje europeos durante la era imperialista de finales del siglo xix se filtró a la escena pública a través del nacionalismo etnocéntrico, y se convirtió en parte de la textura ideológica de los nuevos partidos políticos. Entre ellos se encontraba el joven movimiento sionista.
[…]
Nathan Birnbaum, quizá el primer intelectual sionista –él fue quien acuñó el término «sionismo» en 1890–, recogió el razonamiento donde Hess lo había dejado:

No se puede explicar una particular distinción mental y emocional de un pueblo si no es por medio de las ciencias naturales. «La raza lo es todo», dijo nuestro gran compatriota lord Beaconsfield [Benjamin Disraeli]. La singularidad del pueblo procede de la singularidad de la raza. La variedad de razas explica la gran diversidad de naciones. La diferencia entre las razas es la razón por la que el alemán o el eslavo piensa de manera diferente al judío. Esta diferencia es la que explica por qué los alemanes crearon el Cantar de los Nibelungos y los judíos la Biblia.

[…]

Cuando en 1899 Houston Stewart Chamberlain publicó su famosa obra racista The Foundations of the Nineteenth Century, Birnbaum se mostró comprensivo con ella, rechazando solamente la errónea posición antisemita del pensador británico. Los judíos no eran una «raza bastarda» como sostenía Chamberlain; realmente habían conservado su linaje casándose solamente entre ellos y, además, eran una parte integral de la raza blanca.” (Ibid.)

Vemos entonces que todos los fundadores y líderes del sionismo compartían la ideología racista de las burguesías imperialistas de Europa y América del Norte, y además se consideraron parte de la misma “raza blanca” que según esta ideología representaba la “civilización occidental” en lucha contra las “razas inferiores” de las colonias en Asia, África etc. Algunos sionistas incluso plantearon la “superioridad” de los judíos europeos (los Asquenazíes) a los judíos del Medio Oriente:

“’…El resultado es que, en el judío de la actualidad, tenemos lo que en algunos aspectos es un tipo humano especialmente valioso. Otras naciones pueden tener otros puntos de superioridad, pero, en cuanto a los dones intelectuales, los judíos apenas pueden ser sobrepasados por ninguna otra nación’.
¿Poseían todos los judíos del mundo estas excepcionales cualidades mentales? El joven Ruppin pensaba que no y así lo acentuaba en una nota: ‘Quizá debido a este duro proceso de selección los asquenazíes son actualmente superiores en actividad, inteligencia y capacidad científica a los judíos sefarditas y árabes, a pesar de sus ancestros comunes’” (Ibid.)

Y, siendo que el objetivo de los sionistas no era la defensa de los judíos contra la opresión, sino la colaboración con los opresores para establecerse como clase dominante de un Estado nacional judío, no es extraño que expresaran abiertamente su acuerdo con el antisemitismo:

“En París, como he dicho, logré una actitud más libre hacia el antisemitismo, que ahora empezaba a comprender históricamente y a perdonar. Sobre todo, reconocí la vacuidad e inutilidad de intentar combatir el antisemitismo.” (Theodor Herzl, fundador del sionismo, 1895)

“Cada país sólo puede absorber un número limitado de judíos, si no quiere desórdenes en su estómago. Alemania ya tiene demasiados judíos”. (Cham Weizmann, jefe de la Organización Sionista Mundial, 1912)

“También nosotros estamos de acuerdo con los antisemitas culturales, en la medida en que creemos que los alemanes de fe mosaica son un fenómeno indeseable y desmoralizador”. (Cham Weizmann)

“Si no admitimos la legitimidad del antisemitismo, negamos la legitimidad de nuestro propio nacionalismo. Si nuestro pueblo merece y quiere vivir su propia vida nacional, entonces es un cuerpo extraño empujado a las naciones entre las que vive, un cuerpo extraño que insiste en su propia identidad distintiva, reduciendo el dominio de su vida. Es justo, por tanto, que luchen contra nosotros por su integridad nacional. En lugar de establecer sociedades para la defensa contra los antisemitas, que quieren reducir nuestros derechos, deberíamos establecer sociedades para la defensa contra nuestros amigos que desean defender nuestros derechos.” (Jacob Klatzkin)

No es extraño tampoco entonces que los sionistas en Alemania tenían una relación amistosa y una colaboración directa con el régimen fascista de Hitler, como vamos a ver en la parte siguiente, o que el genocida Netanyahu hace pocos años pronunció un discurso en defensa de Hitler, con la mentira descarada de que el holocausto no fue idea de Hitler, sino de un palestino.

 

El sionismo en colaboración con el fascismo alemán

Durante el periodo antes de la Segunda Guerra Mundial los sionistas se dedicaron a establecer buenas relaciones con las clases dominantes y sus Estados imperialistas. Como los sionistas no eran más que una secta de intelectuales que querían convertirse en colonizadores, todo su proyecto dependía de convencer a una de las potencias imperialistas para que les diera el territorio y los medios para colonizarlo: preferiblemente el territorio de Palestina.

En 1920, con la caída del Imperio Otomano, Palestina fue ocupada por el Imperio Británico. Consiguientemente, los sionistas principalmente se acercaron a los imperialistas británicos para su proyecto. Churchill decía que la creación de un Estado judío en Palestina “desde todo punto de vista sería beneficioso y estaría particularmente en armonía con los más auténticos intereses del Imperio británico”, y el Imperio comenzó con el establecimiento de  los asentamientos judíos y la represión violenta de la resistencia palestina.

En Alemania, cuando los fascistas hitleristas llegaron al poder, los sionistas querían ante todo ser aceptados por el régimen fascista como partidarios de la misma concepción "racial", declarando su lealtad al Estado imperialista y su régimen. En 1933 la “Asociación Sionista por Alemania” (ZVfD) envió una carta al partido nazi:

Permítasenos, pues, exponer nuestros puntos de vista, que, en nuestra opinión, hacen posible una solución acorde con los principios del nuevo Estado alemán del Despertar Nacional y que, al mismo tiempo, podría significar para los judíos un nuevo ordenamiento de las condiciones de su existencia [...].

Una respuesta a la cuestión judía verdaderamente satisfactoria para el Estado nacional sólo puede producirse con la colaboración del movimiento judío que aspira a una renovación social, cultural y moral de los judíos [...] un renacimiento de la vida nacional, tal como está ocurriendo en la vida alemana mediante la adhesión a los valores cristianos y nacionales [¡bajo los nazis!], también debe tener lugar en el grupo nacional judío. [...]

La fidelidad a su propia especie y a su propia cultura da a los judíos la fuerza interior que impide el insulto al respeto por los sentimientos nacionales y los imponderables de la nacionalidad alemana; y el arraigo en la propia espiritualidad protege al judío de convertirse en el crítico desarraigado de los fundamentos nacionales de la esencia alemana. [...]

La realización del sionismo sólo podría verse perjudicada por el resentimiento de los judíos en el extranjero contra el desarrollo alemán. La propaganda de boicot como la que se lleva a cabo actualmente contra Alemania en muchos aspectos es en esencia no sionista [...](Cohen, Peter. The Capitalist Holocaust)

Por lo tanto, cuando los judíos no sionistas y otros grupos en el mundo llamaron al boicot contra el régimen fascista en Alemania, los sionistas rechazaron el boicot y ofrecieron al régimen alemán una forma de combatir el boicot: “Un empresario sionista en Palestina hizo una oferta a los alemanes. Los judíos alemanes comprarían mercancías alemanas en Alemania y luego las exportarían a Palestina. El comprador emigraría a Palestina y vendería los bienes para recuperar el precio de compra, menos un porcentaje que el gobierno nazi se quedaría como comisión” (Ibid.).

Entonces, en mayo de 1933 los sionistas y el régimen alemán firmaron un Acuerdo de Transferencia para facilitar la exportación de propiedad “judía” de Alemania a Palestina, socavando así los efectos del boicot y facilitando la “limpieza étnica” de Alemania apoyando el proyecto sionista en Palestina.

La mayoría de los judíos en el mundo, e incluso algunos sionistas, se opusieron firmemente a esta colaboración con el fascismo alemán, correctamente señalando que para los líderes del sionismo, “el proyecto en Palestina tenía prioridad sobre las necesidades de millones de judíos individuales en todo el mundo. Esas personas no eran más que una ‘reserva de la que recogerían jóvenes inmigrantes para construir su Estado’” (Ibid.) Y esto se confirmó durante todo el periodo del régimen fascista alemán y su genocidio. Los sionistas declararon abiertamente que no estaban interesados en salvar a los judíos de la opresión y el genocidio en Europa, sino sólo en importar una selección de los "mejores" judíos a Palestina para la creación de su Estado sionista. Chaim Weizmann, el futuro primer presidente de Israel, planteó en 1937:

“Los viejos pasarán; soportarán su destino, o no. Son polvo, polvo económico y moral, en un mundo cruel... Dos millones, y quizá menos... sólo una rama sobrevivirá. Deben aceptarlo. El resto deben dejarlo para el futuro, para su juventud. Si sienten y sufren, encontrarán un camino.”(Ibid.)

Y el futuro primer ministro de Israel, David Ben-Gurion:

“Si supiera que sería posible salvar a todos los niños de Alemania llevándolos a Inglaterra, y sólo a la mitad de ellos transportándolos a Eretz Yisrael, entonces optaría por la segunda alternativa. Porque no sólo debemos sopesar la vida de estos niños, sino también el destino del Pueblo de Israel.” (Ibid.)

Los sionistas entonces nunca han representado, y nunca puedan representar, a las víctimas del Holocausto; son cómplices del mismo. El genocidio y el fascismo han sido partes integrales de su ideología y política desde el comienzo.  

 

La ocupación de Palestina y la creación del Estado sionista

Al final de la Segunda Guerra Mundial, el genocidio contra los judíos en Europa generó las condiciones para obtener el amplio apoyo internacional a la creación del Estado sionista en Palestina. Los sionistas se aprovecharon de la situación para promover el sionismo como un proyecto de “liberación”, y una gran parte de los judíos en el mundo se volvieron sionistas. Ya tenían el apoyo del imperialismo, principalmente del imperialismo yanqui, el cual rápidamente estaba reemplazando al Imperio británico como superpotencia imperialista mayor y necesitaba “Israel” como su avanzadilla en el Medio Oriente; una base política y militar para combatir y contener a los pueblos oprimidos, en pugna y colusión con los demás imperialistas.

No obstante, para poder asegurar su Estado “judío”, los sionistas también necesitaban el apoyo de la URSS, un país socialista que contaba con el apoyo del proletariado internacional y los pueblos del mundo, y que también tenía una de las mayores poblaciones judías a nivel mundial. Para conseguir el apoyo de los obreros del mundo y aprovecharse del enorme prestigio global que la URSS tenía después de la guerra mundial, los sionistas fomentaron y utilizaron el llamado “sionismo socialista” o “sionismo de izquierda”. Mientras prometían a los imperialistas un "puesto de avanzada de la civilización occidental", intentaban atraer a los comunistas y a los trabajadores con la promesa de un "Israel socialista". En 1947, una mayoría en la ONU – la URSS incluida - votó a favor de la creación del Estado de Israel.

Esta decisión de la URSS, es decir de su Partido Comunista bajo la jefatura del Camarada Stalin, es uno de los problemas ligados a lo que el Partido Comunista del Perú ha señalado en su Línea Internacional: “Para los comunistas y para nuestro Partido hacer el balance de la Internacional Comunista, especialmente de su VII Congreso, ligado a la guerra mundial y al papel del camarada Stalin, es tarea perentoria. En 1943 fue disuelta la Internacional y quedó un Comité de Información.” Hay que recordar que hasta esta decisión en 1947, la URSS había aplicado una firme línea anti-sionista, apoyando la resistencia palestina contra el imperialismo y el sionismo.

El llamado “sionismo socialista” o “sionismo laborista” dominó la política del Estado sionista hasta la década 1970. Este supuesto socialismo se realizó en formas orgánicas como los kibutz y los moshav, “comunas” o “cooperativas” agrícolas que en realidad eran órganos corporativos y fascistas; instrumentos para el asentamiento de colonos, construidos en tierras robadas. Un “socialismo” que se basaba en la misma ideología de los socialfascistas y todos los revisionistas contemporáneos del mundo; el embellecimiento del imperialismo – la “civilización occidental” – y el mantenimiento de la explotación y opresión de los pueblos oprimidos.

Los líderes del “sionismo socialista”, entre ellos David Ben-Gurion, comenzaron inmediatamente a aplicar la ideología racista y colonialista en la práctica, con la ayuda de los imperialistas:

“David Ben-Gurion […] estaba decidido a garantizar la exclusividad demográfica de los judíos en cualquier futuro Estado. Esta obsesión no sólo influyó en sus acciones antes de 1948, sino también mucho después de la creación del Estado de Israel. Como veremos, esto lo llevó a orquestar la limpieza étnica de Palestina en 1948 […]” (Ilan Pappe, Los Diez Mitos de Israel)

Y los sionistas plantearon los métodos para esta limpieza étnica:

“La demolición de las viviendas de los rebeldes encarcelados o ejecutados, o de los presuntos rebeldes o sus familiares, era otra táctica rutinaria que los británicos sacaron del manual que habían desarrollado en Irlanda. Otras dos prácticas imperiales ampliamente empleadas en la represión de los palestinos fueron el encarcelamiento de miles de personas sin juicio y el destierro de los líderes problemáticos.”(Khalidi, Rashid. Palestina (Ensayo) (p. 80). Capitán Swing Libros. Kindle Edition.) 

“En cuestión de siete meses se destruyeron 531 pueblos y se vaciaron once barrios urbanos. La expulsión masiva fue acompañada de masacres, violaciones y el encarcelamiento de varones mayores de diez años en campos de trabajo durante periodos de más de un año.” (Pappe, Ilan. Diez Mitos de Israel)

Así comenzó lo que en árabe se llama la “Nakba” (la catástrofe), es decir el genocidio, desplazamiento y opresión del pueblo palestino por el Estado sionista, que dura ya 76 años y se lleva acabo con el pleno apoyo económico, político y militar del imperialismo, principalmente yanqui.

 

La lucha palestina de liberación nacional y la lucha de clases

Con la realización del proyecto sionista, la nación palestina fue excluida del llamado proceso de “descolonización” después de la Segunda Guerra Mundial, mediante el cual algunas de las colonias se liberaron del control colonial directo, ganando su independencia formal pero en realidad convirtiéndose en semicolonias bajo la continua explotación y opresión del imperialismo. En Palestina, en cambio, los imperialistas decidieron aplicar la misma vieja forma de colonialismo de asentamientos abierto y directo que habían aplicado en las américas, en Sudáfrica etc.

El movimiento nacional palestino surgió como parte del nacionalismo árabe de la época, pero bajo las condiciones específicas de la colonización sionista. Y así como en todos los países oprimidos, el movimiento de liberación nacional de Palestina desde el comienzo se ha desarrollado inextricablemente ligado a la lucha de clases, en medio de la lucha entre el proletariado y la burguesía por la dirección del movimiento. La lucha por una dirección proletaria fue socavada y retrasada por el problema de la decisión de la URSS mencionada arriba y por el papel negro del revisionismo y el “sionismo socialista”.

En 1967 se fundó el Frente Popular para la Liberación de Palestina (FPLP), que bajo la influencia de la China socialista y el pensamiento mao tse-tung se comprometió a llevar a cabo la lucha palestina como una guerra popular contra el imperialismo y el sionismo, pero al mismo tiempo colaboró con el socialimperialismo soviético, el cual quería utilizar la lucha palestina como ficha de ajedrez en la pugna interimperialista con el imperialismo yanqui. En la autobiografía de Leila Khaled, combatiente del FPLP, se encuentran los siguientes comentarios:

“El objetivo supremo del movimiento de liberación de Palestina es la liberación total de Palestina, el desmantelamiento del aparato estatal sionista y la construcción de una sociedad socialista en la que tanto árabes como judíos puedan vivir en paz y armonía. Para lograr nuestro objetivo hemos adoptado la estrategia de la guerra popular y la lucha armada prolongada.” (Leila Khaled, Mi Pueblo Vivirá – Autobiografía de un Revolucionario, editado por George Hajjar, 1973)

“El objetivo de la Unión Soviética es la neutralización de EEUU y su eventual expulsión del Medio Oriente. Como defensora de la coexistencia, la transición pacífica al socialismo y la vía no capitalista hacia el desarrollo, la URSS apoya a los ‘regímenes nacionales árabes’ en su lucha antiimperialista, les proporciona préstamos para proyectos industriales y armas para luchar contra los conquistadores israelíes. Como patrocinadora de la ‘solución política’, la Unión Soviética reconoce la legitimidad de Israel, respeta su soberanía [...] La Unión Soviética es defensora de ‘la paz y la coexistencia’, no de la guerra popular y la violencia revolucionaria.” (Ibid.)

La burguesía palestina por otro lado tiene dos aspectos; un aspecto antiimperialista, de luchar contra el imperialismo y el sionismo, y un aspecto vendepatria, de colaborar con ellos. El imperialismo y los sionistas aplican la política de colaboración con la burguesía palestina burocrática y/o compradora para contener y socavar el movimiento de liberación nacional, y la política de genocidio y represión contra las fuerzas palestinas revolucionarias. Todos los “acuerdos de paz” impuestos por el imperialismo se han realizado a través de la plena colaboración de la burguesía palestina, hoy representada por la “Autoridad Palestina” liderada por Fatah:

"Las principales obligaciones de la Autoridad Palestina, a ojos de sus patrocinadores israelíes, estadounidenses y europeos, eran la prevención de la violencia contra los israelíes y la cooperación con Israel en materia de seguridad.
[...]
En este periodo, la guerra constante que se libraba en Gaza —con importantes ofensivas terrestres israelíes en 2008-2009, 2012 y 2014— se combinaría con incursiones militares israelíes regulares en diversas áreas palestinas de Cisjordania y Jerusalén Este, que comportaron detenciones y asesinatos, la demolición de viviendas y la represión de la población, todo ello con la silenciosa connivencia de la Autoridad Palestina liderada por Fatah en Ramala. Estos hechos vendrían a confirmar que la Autoridad Palestina era un organismo sin soberanía y sin ninguna autoridad real excepto la que le permitía Israel, por cuanto colaboró en sofocar las protestas en Cisjordania mientras Israel machacaba Gaza.” (Khalidi, Rashid. Palestina (Ensayo). Capitán Swing Libros. Kindle Edition.)

Así también, el papel de Hamas debe entenderse en este contexto. El ascenso de Hamás está ligado a la política del imperialismo yanqui – aplicada en Palestina por el Estado sionista - de fomentar los movimientos islamistas en el mundo árabe para utilizarlos como fichas de ajedrez y reemplazar o combatir a los movimientos proletarios. El problema de esta política, en Palestina así como en otros lugares, es que estos grupos islamistas también tienen un aspecto antiimperialista, y se basan en el apoyo de las amplias masas, que son principalmente antiimperialistas y antisionistas.

“Hamás surgió en Gaza de la mano de un grupo de militantes de los Hermanos Musulmanes que juzgaban que la hermandad había adoptado una postura demasiado acomodaticia con respecto al ocupante israelí a cambio de un trato indulgente. De hecho, en las dos primeras décadas de ocupación, mientras las autoridades militares reprimían severamente a todos los demás grupos políticos, sociales, culturales, profesionales y académicos palestinos, permitieron que la hermandad actuara libremente. Dada su utilidad para la ocupación, en cuanto que dividía al movimiento nacional palestino, la indulgencia israelí con respecto a la hermandad se hizo extensiva a Hamás […]” (Ibid.)

Después, como vemos ahora, Hamás, por su papel importante en las justas y heroicas acciones armadas contra la ocupación, se convirtió en el enemigo principal de los sionistas. El presidente del FPLP, Ahmad Sa’adat, planteó en 2005: “Tanto la izquierda como los islamistas están por la lucha contra el imperialismo. Por eso es posible construir un frente único con los islamistas”.

En conclusión, la heroica e invencible lucha del pueblo palestino sigue avanzando y su forma principal y más avanzada es la de las acciones armadas contra el imperialismo y el Estado sionista; acciones armadas que son justas y sirven a la revolución mundial, independientemente de que estén dirigidas por organizaciones proletarias o burguesas y religiosas. Sin embargo, toda la historia y la actualidad de la lucha palestina confirman que el proletariado organizado es la única clase capaz de dirigir la lucha de liberación nacional y llevarla hasta su fin, y que la lucha contra el revisionismo es decisiva para poder forjar la dirección proletaria que se necesita. En Palestina como en los demás países, el proletariado urgentemente tiene que construir su Partido Comunista como partido de nuevo tipo, marxista-leninista-maoísta y militarizado, para dirigir el frente único como un frente de todas las clases del pueblo y desarrollar la guerra popular hasta la conquista del poder en todo el territorio palestino, desde el río hasta el mar.


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